Antes de entrar en materia, conviene hacer
una reflexión
que nos lleve al convencimiento de que hablar de música
es tanto como hablar de un lenguaje más, por tanto, de
otro medio de expresión. Basta con pensar en cualquier
momento de la vida de ser humano para darnos cuenta de cómo éste
siempre ha utilizado, consciente o inconscientemente, alguna de
las facetas musicales para expresar y exteriorizar diferentes
tipos de sentimientos, ya sean manifestaciones cargadas de alegría,
tristeza o de otra índole. En tanto en cuanto utiliza
alguna de esas formas musicales para expresar dichos estados
internos, el hombre está aplicando, sin más un
tipo de lenguaje, una forma de expresión y comunicación
tan necesaria y natural como la propia manifestación oral
o como la existencia humana.
Cuando
nos referimos al lenguaje musical, no estamos de ninguna forma
tratando de algo que pudiera resultar novedoso. Todo lo contrario.
Resulta que nos estamos refiriendo a un aspecto o facultad humana
tan antigua como la propia existencia en tanto se puede considerar
como una de las características innatas del hombre y,
además, necesita de dicha forma de expresión para
hacer que sus emociones fuesen compartidas o, simplemente, exteriorizadas.
Estos sentimientos irán desde el simple hecho de una manifestación
de alegría o tristeza, hasta las que denotan fundamentos
religiosos, políticos, culturales, económicos etc.
En
tanto que la música constituye, como hemos visto,
un modo de lenguaje, nos hace pensar irremediablemente en que,
como el resto de las lenguas, tiene la posibilidad de enriquecer
desde el punto de vista de la formación integral y de
enriquecerse como disciplina. Si, por ejemplo, el estudio de
diferentes lenguas habladas propias o extranjeras posibilita
el enriquecimiento personal y social desde el punto de vista
cultura, lo mismo sucederá con el lenguaje música,
que irá progresando en función del trabajo de investigación
que se realice sobre él a la vez que elevará el
nivel cultural de quien tenga la posibilidad de asumirlo como
aprendizaje educativo.
Que
la música en los últimos años del siglo
XX, ha alcanzado un valor importante en la formación integral
de la persona es una cuestión fuera de toda duda. Además,
es un hecho irreversible, no sólo de que sea considerada
como un medio más de expresión, que es fundamental,
sino por permitir explotar sus recursos y extenderlos hacia la
consecución de otros valores que en su aplicación
dan como resultado final este desarrollo integral, así como
la proyección hacia los valores de integración
social.
Independientemente
de aumentar los conocimientos y elevar esa cultura musical, podemos
utilizar la Educación Musical para el desarrollo y adquisición
de otros objetivos, no sólo desde el punto de vista artístico,
sino también lingüísticos, matemáticos,
humanísticos etc.,